Calle Salsipuedes

La calle más pequeña de Pamplona se encuentra junto a uno de los laterales de la Catedral de Santa María la Real, en la plazuela de San José. En el centro de la sombría plaza, una fuente con cuatro caños, con un acabado ornamental formado por tres farolas, deja fluir el agua de forma constante.

Frente a ella, un pequeño callejón pasa casi inadvertido. Una alta verja negra, abierta de día y cerrada al caer la noche, da la bienvenida a la calle Salsipuedes, de apenas una decena de metros y sin salida, y sobre la que un dicho popular reza “sal si puedes y entra si te dejan”, haciendo referencia a las barras metálicas que a ciertas horas impiden el acceso. Una vez cruzado el primer obstáculo, una estrecha callejuela franqueada por edificios anaranjados de tres alturas conduce hasta la tapia de un antiguo convento, el de las Carmelitas Descalzas.

Una fachada sencilla, de color claro y con escasa ornamentación, preside la única calle sin salida de la capital navarra. Construido por el arquitecto Florencio Ansoleaga entre 1899 y 1901, la estatua de San José vigila la puerta desde una hornacina, junto a la que se sitúan un par de jarrones de piedra. Por encima de estos, un pequeño campanario con dos campanas completa la sencilla fachada.

La plaza que acoge a la calle Salsipuedes se trata de uno de los rincones más tranquilos de la ciudad, rodeado por la catedral y el actual departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, situado en el antiguo edificio de la originaria Escuela de Magisterio.

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