Callejón plaza de Toros

El tramo final del recorrido del encierro, de apenas una decena de metros, es una línea recta con una ligera pendiente descendente. La entrada al callejón de la plaza de Toros cuenta con un suelo adoquinado y está flanqueada por unos pequeños muros de piedra desde los que se puede tener una visión privilegiada del encierro los días de San Fermín.

Desde su construcción en 1922, el callejón ha sufrido diversas modificaciones, siendo la más importante la que se llevó a cabo tras los sanfermines de 1975. Los pequeños montones producidos por la caída de los mozos al entrar en la plaza siempre habían sido una anécdota hasta que en el encierro del 9 de julio de ese año un sobrecogedor montón se saldó con cien heridos y un fallecido.

Por ello se decidió acometer una importante reforma y acondicionar amplias gateras en ambos laterales del callejón, una vez cruzada la primera de las puertas de la plaza de Toros. A través de ellas, los mozos que caen en el estrecho pasadizo pueden deslizarse y ponerse a salvo tanto de las astas de los toros como de los pisotones del resto de corredores.

La entrada a la plaza y a lo que es el callejón propiamente dicho se realiza a través de una gran puerta metálica roja, que al abrirse hacia el interior bloquea el acceso a los pasillos interiores e impide que los astados puedan desviarse.

La apertura es manual y se realiza bien desde el suelo o desde la plataformas situadas en la parte superior, desde las que se tiene una vista privilegiada de la llegada de los astados, ya que en la parte superior de la puerta existen cuatro pequeñas ventanas desde las que se ve el tramo de Telefónica. El acceso al ruedo se realiza a través de otra pequeña puerta y una valla correspondiente a los burladeros del coso.

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