Cuesta de Santo Domingo

Nada más cruzar el puente de la Rochapea o de Curtidores, una vez pasados los corralillos donde los toros esperan su turno durante las fiestas de San Fermín, una empinada cuesta asciende hasta el centro de Pamplona por lo que originalmente era uno de los principales barrancos de desagüe de la ciudad. Los días de lluvia, el agua acumulada se iba deslizando hasta formar el barranco de Santo Domingo para ir a desembocar al río Arga.

Hoy en día, en su lado derecho en sentido ascendente, se encuentra franqueada por las altas murallas de la capital, sobre las que se erigen, entre otros, el Museo de Navarra o el antiguo convento de Santo Tomás, de la orden de las Dominicas. Conforme el camino se adentra en el casco urbano, la cuesta va adquiriendo un aspecto antiguo motivado, sobre todo, por los adoquines perfectamente colocados y que recuerdan a la original configuración de las calles de todo el Casco Viejo antes de su reforma.

Incrustada en una hornacina situada en el lienzo de la muralla casi pasa desapercibida una pequeña figura de San Fermín. Se trata del punto donde los mozos cantan al copatrono de Pamplona cinco minutos antes de que dé comienzo el encierro en las mañanas de las fiestas en honor al santo. Siguiendo el empedrado, con unas estrechas aceras a sus laterales, la cuesta asciende, poco a poco, en dirección a la plaza del Ayuntamiento.

Poco antes de llegar, a mano izquierda, se encuentra la plaza de Santiago, en la trasera del Consistorio. En ese punto se encuentra la antigua iglesia de Santo Domingo, que da nombre a la cuesta y que data del siglo XVI.

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