Curva Mercaderes

La calle Mercaderes discurre desde la plaza del Ayuntamiento hasta una empinada cuesta ascendente en dirección a la Catedral, la calle Curia. Poco antes de la unión con dicha vía nace, transversal a ella, la calle Estafeta, una de las principales del recorrido de encierro y hacia la que se dirigen los astados.

Para conducir a animales y mozos durante el trayecto, unas vallas ciegas, de metal, cortan el acceso hacia la calle Curia y forman prácticamente un ángulo recto dando lugar a la conocida curva de Mercaderes. Este corte radical pilla por sorpresa a los astados en la mayoría de los casos y, debido a la velocidad que toman a lo largo del recorrido, no son capaces de frenar a tiempo y acaban chocando y cayendo al suelo.

Se trata de uno de los tramos más peligrosos de todo el recorrido, y por eso el Ayuntamiento decidió rociar con líquido antideslizante la curva, disminuyendo la emoción pero ganando en seguridad. A lo largo de la calle, las fachadas de los edificios van alternando un sinfín de tonalidades, formando un mosaico donde balcones y decorados se entremezclan con escudos o fachadas inconfundibles con miradores centenarios.

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