Iglesia de San Saturnino

Centro de culto y fortaleza militar. Durante años, la iglesia de San Saturnino o San Cernin, enclave religioso y defensivo por excelencia del burgo con el mismo nombre, cumplió ambas funciones, y de ahí su inconfundible silueta. Sus dos torres son visibles desde las afueras de Pamplona y sirven de punto de referencia y orientación.

Levantada en pleno centro histórico, entre callejuelas estrechas, los gruesos muros resisten hoy en día los envites de la meteorología como lo hicieron durante siglos a los de las armas de sus enemigos desde que se construyó en el siglo XIII. Una pequeña escalinata conduce a un amplio atrio porticado formado por arcos ojivales, cuya entrada está vigilada por las imágenes de Santiago y San Saturnino.

Una vez dentro del templo, el suelo de madera, bajo el que se encuentran enterrados desde hace siglos cientos de pamploneses, cruje con cada pisada y rompe el silencio que invade el santuario, de un bello estilo gótico. Está formado por una nave única muy amplia, con una bóveda sexpartita, cabecera poligonal y un coro elevado. Además, una serie de capillas se suceden en los contrafuertes del templo, entre las que destaca, entre otras, la dedicada a la Virgen del Camino, patrona de Pamplona.

Ésta se encuentra en el espacio que ocupó el claustro hasta que en 1758 se construyó la capilla barroca, con planta central de cruz griega, cúpulas en los ángulos y gran ornamentación en el retablo del presbiterio. Según cuenta la leyenda, la talla románica policromada y forrada de plata que representa a la patrona de la ciudad provenía de la localidad riojana de Alfaro, pero en una mañana de 1487 apareció en la viga situada sobre el altar mayor de San Saturnino.

Los riojanos acusaron a los pamploneses del robo, por lo que no tuvieron más remedio que devolver la talla, pero el milagro volvió a repetirse y terminaron por regalarla a la ciudad. De nuevo en el exterior puede encotrarse a escasos metros el pocico de San Saturnino, donde el santo, siendo obispo, bautizó a los primeros cristianos de la ciudad. Desde un punto más alejado y elevando la vista hacia las altas torres, una de ellas, la del reloj -que es el que marca la hora del encierro-, está coronada por uno de los emblemas de la ciudad: el gallico de San Cernin, una veleta con forma de ave.

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