Plaza de Toros

La monumental pamplonesa se levanta, imponente, en el Segundo Ensanche de la ciudad, contigua a la cuesta del Labrit, donde concluye la calle de la Estafeta. Su presencia impresiona. El tamaño, el hormigón armado, la majestuosa puerta principal, los rasgos clásicos que atesora su fachada. Recuerda, sin querer, a las fiestas de San Fermín, a las tardes de gloria vividas, al ambiente y el bullicio que se crean alrededor de este monumento del 6 al 14 de julio. Construida en 1920 por el arquitecto Francisco Urcola, es propiedad de la Casa de Misericordia de Pamplona, que se encarga de su gestión. En el exterior, una estrecha puerta rojiza, próxima a la entrada principal, corresponde con el último tramo del encierro, con el ‘callejón’ que tanto mozos como toros deben atravesar cada mañana para penetrar en la plaza. Aparte de las populares corridas taurinas de la Feria de San Fermín, el coso pamplonés acoge a lo largo del año conciertos y exposiciones. Desde su levantamiento, la estructura de la plaza ha sufrido algunos retoques. En 1967 Rafael Moneo la reformó, respetando su apariencia original, con el propósito de ampliar su aforo –hasta sobrepasar las 19.500 localidades–. La chapa verde que constituye la cubierta fue instalada en los años 80 y sustituyó a las tejas que hasta entonces habían envuelto el coso. Una restauración en los vomitorios en 2005 estableció un aforo definitivo de 19.721 espectadores, situando a la de Pamplona como una de las cinco plazas de toros más grandes del mundo.

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