La monumental pamplonesa se levanta, imponente, en el Segundo Ensanche de la ciudad, contigua a la cuesta del Labrit, donde concluye la calle de la Estafeta. Su presencia impresiona. El tamaño, el hormigón armado, la majestuosa puerta principal, los rasgos clásicos que atesora su fachada. Recuerda, sin querer, a las fiestas de San Fermín, a las tardes de gloria...
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